12/2/14

"Lo primero que falla es el corazón".



(el olor de la piel húmeda,
el calor que desprende
tras haberse entregado al preludio).




"                                                           "
Losing Steps

3


Suddenly you're fifty;

if you know anything about steps

you're playing chess


with an old, complicated friend.

But you're walking to a schoolyard

where kids are playing full-court,

telling yourself

the value of the experience, a worn down


basketball under your arm,

your legs hanging from your waist

like misplaced sloths in a country

known for its cheetahs and its sunsets.


·


Quedarse un paso por detrás

3

De repente tienes cincuenta; 
si sabes algo de pasos
estarás jugando al ajedrez

con un viejo, problemático amigo.
Pero caminas hacia un patio de colegio
donde los chavales juegan con ambos lados de la cancha,
convenciéndote a ti mismo
del valor de la experiencia, un desgastado

balón de baloncesto bajo el brazo,
las piernas colgando de tu cintura
como extraviados perezosos en un país
conocido por sus guepardos y sus atardeceres.

Stephen Dunn, En otro momento,
2001, Different Hours (En otro momento), 
traducción por A. Catalán y B. Clark.

4/2/14

Otra época, otra edad, otra persona.



I

En la sombra el alimento
apenas dura un par de horas.
Es la insaciable oscuridad, ahora hambrienta.

II

Se encuentra perdido en su cueva,
iluminado por las normas vigentes,
señalado por todos aquellos ídolos
víctimas de la verdad destapada.

III

Punto, punto, punto,
el cielo cava
su nuevo hogar.

Punto, punto, punto,
retorno al origen formal.

IV

Centro del acto comunicativo,
decoro verbal en la mesa.


12/1/14

Ardor en la temporada invernal.



Los dioses habitan
infiernos desconocidos
donde la buena costumbre
se erige ponzoñosa.

Es la metáfora 
del veneno sacro,
la metáfora 
del veneno sacro -repito-.

¿Qué hogar es aquel
donde el ímprobo esfuerzo
de componer armonía
es tachado de herejía?






9/12/13

Música para ladrones.


 "... Una tumba un tanto llamativa, podría decirse. No hay día en ese cuarto, ni noche; las estaciones del año aquí no cambian, ni los años. Y cuando muera, si en verdad no he muerto todavía, quiero morir borracho y encogido, como en el útero de mi madre, en la cálida sangre de la oscuridad. ¿No sería un final más bien irónico para quien, en lo hondo de su alma maldita, buscó una vida dulce y limpia? ¿Una vida de pan y agua, un simple techo para compartir con algún ser amado, sólo eso...? -Sonriendo, alisándose el cabello de la nuca, apagó el cigarrillo y volvió a tomar el pincel-. Puesto que he nacido muerto, ¡qué irónico tener que morir! Sí, he nacido muerto, literalmente. La comadrona tuvo la perversidad de darme unas palmadas para traerme a la vida. ¿Lo hizo en realidad? (...). No importa -Contestó Randolph-, toda la música difícil debe ser escuchada más de una vez. Y si lo que digo ahora te parece carente de sentido, una mirada retrospectiva te lo mostrará demasiado claro. Y cuando esto ocurra, cuando se marchiten las flores que hay en tus ojos, que son irrecuperables, entonces, aunque ninguna lágrima me ayude a disolver mi capullo, lloraré un poco por ti. -Levantándose, fue hacia un enorme armario barroco, se puso unas gotas de colonia de limón, se peinó los brillantes rizos y, con un poco de postura, se estudió en un espejo. Si bien le reflejaba en todos los detalles esenciales, el espejo, de cuerpo entero y de fabricación francesa, parecía absorberle el color, despellejarle y transfigurarle las facciones. El hombre del espejo no era Randolph, sino cualquier otra personalidad a la que su imaginación deseaba que se pareciese. Y él, como corroborando esa teoría, dijo-: Los espejos pueden hacernos románticos, y ése es su secreto. ¡Qué tortura sutil sería destruir todos los espejos del mundo! ¿Dónde buscaríamos entonces la confirmación de nuestra identidad? Te lo aseguro, querido, Narciso no era un egoísta... Era simplemente uno de nosotros que, en su indestructible aislamiento, reconoció, al ver su imagen, al único camarada hermoso, al único amor inseparable... ¡Pobre Narciso! Posiblemente fue el único ser humano honrado en ese sentido". 


Truman Capote, Otras voces, otros ámbitos,
1948, traducción por Víctor Rodríguez.