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10/12/12

Tapa dura azul celeste, V.

Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque me gusta escribir. Escribo porque me gusta escribir.
Me gusta llorar pero nunca lloro, sin embargo.

Estos últimos meses me he sentido atormentado por todo lo que ocurría a mi alrededor. No sé ni qué sentir, ni qué pensar, ni cómo caminar entre todos estos cuerpos enfermos.
No quedan temas sobre los que hablar porque todos han sido incinerados. Podemos hablar de las cenizas que me forman. O podemos no hablar nunca más porque se ha vuelto innecesario, como una enfermedad que no cura o curará.
Lo que no puedo hacer es desaparecer porque incluso en la no-existencia todos ellos seguirían buscándome y gritando mi nombre hasta hacerme enloquecer.

"(tú crees que él confía en ti, que te dice siempre la verdad y que la infidelidad es un pecado para ti)
(no para él) (sin embargo)"

Estos últimos meses han sido una oscura habitación de paredes color burdeos. No sé diferenciar las manchas de sangre. Pero sí sus rasgos, su rostro, toda ella desnuda. Toda ella una mentira consumada en el altar, religiosa y pía, altruista, agradable y hermosa.
Nunca lloro, sin embargo siempre expulso el dilema, pero vuelve a mí acompañado de otros tres nuevos. Hasta alcanzar la

esquizofrenia.

17/6/12

Tapa dura azul celeste, IV.


En realidad ella y Él se sirven de la ignorancia ajena, de la incultura y el vacío. Pero yo sigo lleno de odio y conocimiento en sí.

- Espero que ocurra un algo que me haga feliz mientras el tiempo evoluciona y muere.
- La espera puede ser demasiado larga.
- No te enseñaron a medir el tiempo. A mí tampoco.
- Años, meses, semanas...
- ... días, horas, minutos, segundos. Todo falso.
- ¿Falso?
- Tu piel. Tu cabello. Mi no-esencia.
- Demasiado tiempo sin hablar, creo que...
- Demasiado impresionismo y muerte.

Nueve meses en la oscuridad, ¿por quién? Por la pureza.

5/9/11

Tapa dura azul celeste, III.

-          ¿Qué tal el día?
-          ¿Podríamos dejar la sesión para otro día?
-          ¿Por qué, no se encuentra bien?
-          No es eso.
-          ¿Y qué es?
-          No me apetece hablar contigo.
-          Vaya. Resulta que no hay opción.
-          ¿Y si no hablo, eh?
-          ¿Y si muere?

Me encanta abrir el diario y escribir conversaciones. Es interesante. Tengo buena memoria. He intentado varias veces escribir mi edad; el problema es que no puedo escribir números, me causa ansiedad, y no sé escribir mi edad en letras. Diez y ocho. No. Dieciocho. No. Sí. Da igual.

Se ha atrevido a amenazarme, ¿eres consciente? No estamos seguros, la verdad. Nunca lo hemos estado. No desde los 12 años.

Me gusta el color verde. No el verde verde, sino el que es así como un poco oliva y un poco azul celeste. Es difícil describir los colores. Quiero decir, tú puedes decir “me gusta el azul”. ¿Qué azul? Pues el azul cielo. Pues, ¿y si soy ciego? No te interesan los colores entonces. Uy que no.

Mamá un día me dijo que su ciudad favorita es Buenos Aires. La mía creo que es Estambul. Es muy bonita, con sus mezquitas y Palacios. ¡Y su maravilloso clima!

A veces me gustaría poder estar todo el día escribiendo en este maldito librejo de mierda, pero siempre llega el Gilipollas y lo jode todo. Y además siempre llega en el momento más inoportuno, cuando más distraído estoy. Una pena. Maldito Gilipollas. Y además siempre me quita el puto librejo y lo tira por ahí, y claro, cualquiera se levanta a por él.

No recuerdo el día en el que empecé a fumarme un paquete de tabaco diario. Supongo que fue el mismo día que empecé a hablar conmigo mismo. Tiene sentido, porque empezaría a fumar el doble, ya sabes, dos personas no fuman lo mismo que una.

Me encantaba la lámpara de lava de mi habitación. Podía perder horas y horas mirándola. Era genial. Yo de pequeño quería ser lava de mayor. Podía ser intocable y a la vez ultra destructivo. Eso quería ser. Ahora ya, desde aquel

23/8/11

Tapa dura azul celeste, II.

Duele quererte. Duele. Duele mucho. Consume con ansia y duele.

Aquel día, aquel primer puto día que hablé solo, que hablé conmigo mismo, que hablé con el otro “yo”. Desde aquel día todo es diferente, desde el color de las paredes a la textura de mi piel. “Loco, loco” decían. Hijos de puta. Loco, sí. Enfermo, sí. Vuestro odio me ha vuelto loco.

Ella me manda escribir estos (denominados por ella) diarios. Ella no tiene nombre. Bueno, sí tiene nombre, pero no me lo ha dicho. Dice que “es mejor cuanto menos sepa”. Qué hija de puta mentirosa. ¿Por qué todos mienten? ¿Por qué nadie sonríe cuando me mira?

Me hace mucha gracia cuando se pasa el pelo por detrás de la oreja. Me recuerda a las niñas de la guardería, cuando se pasaban el pelo por detrás de la oreja porque al jugar les molestaba. Era tan simpático de pequeño.

A veces sueño que todo arde. A veces veo fuego y me siento líquido. A veces siento; y la verdad que no está nada mal sentir. Nunca me siento culpable, eso sí. Ah, las bombillas queman tanto. Tanto como me cansa escribir.

28/7/11

Tapa dura azul celeste, I.

-          ¿Se ha sentido alguna vez alejado de la realidad?
-          ¿Perdona?
-          Que si se ha sentido alguna vez alejado de la realidad… inconsciente de lo que ocurría a su alrededor.
-          Eso no es de tu incumbencia.
-          Vamos a ver, si quiere que su estancia aquí sea lo más agradable posible, le aconsejo que conteste a mis preguntas; si no, me aseguraré de que su hogar le parezca el lugar más hospitalario del mundo.
-          Sí.
-          ¿Sí qué?
-          Que sí me he sentido alejado de la realidad.
-          Explíquese.
-          ¿Crees en Dios?
-          ¿Cómo dice?
-          Que si crees en Dios… Allah, Yahveh, La Santísima Trinidad, Shang Di…
-          Creo que no lo está entendiendo. Yo hago las preguntas y usted responde. Simple.
-          Cuando era pequeño y mis padres se iban de viaje, algo que hacían muy a menudo por cierto, mi abuela venía a casa y cuidaba de mí. Mi abuela era católica, muy religiosa. Antes de ir a dormir me obligaba a rezar. Mi abuela decía que rezando entrabas en contacto con Dios, hablabas con él, le contabas tus problemas y preocupaciones… y como sabrás Dios no existe.
-          No le entiendo.
-          Si al rezar entraba en contacto con Él, me alejaba de la realidad, pues me acercaba a algo inexistente, a una idea o a algo inferior. Me acercaba a un mundo inexistente, irreal.
-          Ya. ¿Oye voces en su interior?
-          No.
-          ¿Seguro?
-          Sí.
-          Cuando volvía a casa después del colegio, ¿sentía miedo?
-          No.
-          ¿Qué sentía?
-          Lo mismo que siento cuando la observo.
-          No se pase de listo. ¿Podría explicarlo?
-          Es como si estuviese harto, asqueado, aunque sólo te vea un par de horas al día, pero estoy harto y asqueado. Harto de ti, de tu olor, de tu presencia, de tu mirada y sonrisa, de tu pelo rizado. De todo.
-          ¿Sería capaz de matarme?
-          ¿Cree en Dios?
-          Sí.
-          No, no sería capaz de matarte.
-          Entonces, si siente lo mismo cuando está conmigo que cuando estaba con su familia, ¿por qué a mí no y a ellos sí?
-          Porque tu Dios me habló y me dijo que los matase.