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19/9/11

Ancla, cuarta parte.

¡Que se te cae el alma a los pies y el corazón se lo come tu gato!
Y enciendes la lámpara de tu escritorio y coges un cigarro del paquete escondido entre la ropa interior y fumas como si de algo fantástico se tratara. Y no te echo del todo menos. Un poco, eso sí.

Y fuma. Y fuma. Y fúmame.

¿Qué ropa te toca mañana? A mí una camisa de cuadros, comos siempre. A ti una sonrisa fresca y algo viva. Quizás un poco de música no estaría mal:


Cuando deje de tener la voz rota susurraré a tu oído el código secreto de mi corazón para que se lo digas al gato y así pueda conocerme mejor y volar muy lejos y fumar hasta la muerte. Porque los restos, restos son de una mala noche rodeado de ropa sucia y clavos arrancados de la pared para empezar algo, algo que antes parecía imposible, ¿no?

Y bebe. Y deja de beberme. Ya.











                                                                                                                                                           ¡NO!

                                                                                                                          

5/8/11

Ancla, tercera parte.

-          Ha muerto.
-          ¿Qué? ¿Quién? ¿La abuela?
-          No.
-          ¿El abuelo?
-          No, Trini. Ha muerto Trini. Tenía cáncer y no me lo había dicho. No se lo había dicho a nadie. Me ha llamado Sandra, dijo que no quería que yo lo supiera.
-          Joder… lo siento mucho mamá.

Hay días que quedan grabados a fuego. Podría contarte incluso que llevaba puesto. Podría contarte que perfume sudaba mi madre. Incluso el sabor de sus lágrimas. Lo que es el dolor, ¿eh? Podría contaros todo. Llevaba un bolso marrón que nunca me ha gustado (el marrón nunca pega con el dolor, mejor el negro). Se había peinado esta mañana. También se había maquillado. Y había sonreído, como siempre, al despedirse. Sonreír, ¿para qué? Ni si quiera pudo ir al entierro. Todo estaba planeado para ahorrar el máximo dolor posible.
Supongo que yo haría lo mismo que ella. Quiero decir, si me detectasen cáncer, o que se yo, cualquier enfermedad que me acercase (aún más) a la muerte, no se lo diría a nadie. Si eso a mi familia. ¿Qué gano viendo cómo se lamentan por mí? ¿Cómo lloran por dentro e intentan sonreír por fuera? ¿Eh? ¿Eso me alarga la vida? Sólo me está recordando todo lo que me voy a perder cuando me vaya y no vuelva. Haría una lista sobre la gente que no quiero que venga a mi funeral. Él no estaría, por ejemplo, por mucho que duela. Toda esa gente del colegio tampoco, apestan. Hm, la verdad es que tendría que pensarlo mucho, porque si por mi fuera sólo vendría mi madre. Dejaría otra nota en la que daría permiso para que mi madre se tirase sobre mi tumba y gritara eso de “¡Es mi hijo, no os lo llevéis!”. No sería muy bonito, pero bueno. En las pelis lo hacen  y queda súper entrañable.
Espera, ¡yo quería ser incinerado! Hijos de puta, nunca cumplen la última voluntad del enfermo.

24/4/11

Ancla, segunda parte.




“Quizás no sepa amar,
pero tengo sequía en mis ojos
y las mejillas aradas de lágrimas
de tanto aprender a hacerlo”
           - Javier Corcobado.






Yo no sé amar, ni quiero aprender a hacerlo. A mi edad los adolescentes se enamoran con la misma facilidad con la que mean, cagan o sufren un coma etílico. Ojalá todo fuese tan fácil.
Yo no creo en el amor. Amar es vivir esclavizado. Follar es tener sexo con tu esclavo/a. Creemos que nos enamoramos, pero la realidad es que hay que enamorarse para sobrevivir. ¿Quién puede pagar una hipoteca hoy día solo? Luego está el segundo paso: el matrimonio, que no es ni más ni menos que la esclavitud legitimada.
Vosotros no os enamoráis de una persona, os enamoráis de un sexo. Si vuestra pareja perteneciese al sexo contrario, ¿os enamoraríais de ella? No. Aunque se comportara del mismo modo, aunque pensara lo que ya pensaba y le gustara lo que ya le gustaba, ¿os enamoraríais de ella? No. Nunca. Porque no buscáis el amor, buscáis la satisfacción sexual, el placer.
No estáis enamorados. Yo tampoco.
Yo no creo en el amor. Vosotros os engañáis creyendo que existe cuando todos buscamos sexo.

Yo no creo en el amor.


Sólo sabemos follar.

5/4/11

Ancla, primera parte.

Nunca me ha interesado el fútbol; es más, nunca he mostrado cariño hacia los deportes, exceptuando la natación, a la que iba más o menos obligado. Yo era de esos niños que se iban con chicas en los patios para hablar de cualquier cosa. Me interesaban otras cosas, y es sabido que las mujeres maduran antes que los hombres y ,por consiguiente, tienen mayor variedad a la hora de entablar una conversación. Otra excepción, yo maduré antes que el resto de chicos, bastante antes. Circunstancias del ambiente supongo.
Con 9 años empecé a hablar de política, obviamente no con la misma seriedad que ahora, con una chica que era nueva en mi clase y que, a día de hoy, es una de las dos únicas personas de mi antiguo colegio con la que mantengo contacto, y estoy orgulloso de ello.
Me daba igual ser diferente al resto de los demás cuando era pequeño, pero parece ser que al resto no. No contaré más, todo se podría resumir en que, con 12 años, cuando dejé ese colegio, mi único deseo era que me diesen una pistola, que pusiesen a todos los alumnos en fila, y pudiese decidir sobre sus vidas.
Gracias a Dios perdí esa/ese "lista/deseo", pero no olvidé ni sus caras ni sus nombres. Aún los sigo viendo por la calle.
Ese odio ha desaparecido, excepto hacia alguna que otra persona.
Este odio me ha hecho ser quien soy hoy en día: no confío en casi nadie, no tengo intención ni atracción por conocer gente nueva, desprecio al resto considerándoles inferiores en muchísimos aspectos (aquí incluyo la madurez, el conocimiento y cultura, la capacidad intelectual, la ética y el nivel económico de la persona, por ejemplo*) y sólo suelo mantener relaciones cuando busco algo a cambio, si no, no suelo.
También me ha hecho ser una persona que sabe maquillar la realidad, como por ejemplo: aquellas personas que me conozcan y estén leyendo esto estarán sorprendidas, porque no sabían muchas de estas cosas (Adriana, Itziar, Irene). La experiencia.
Un apunte: todo lo anterior queda completamente rechazado para ciertas personas. No soy así con todo el mundo. Esas personas lo saben. Pero soy así.
Conclusión: por no haber jugado al fútbol de pequeño y no tener ni puta idea de qué es un delantero o un fuera de juego soy quien soy, y se lo agradezco; pero eso sí, para mí seguirá siendo un deporte que está para lo que está, y no voy a decir para qué está. Todos lo sabéis.

Adiós.

*Nota: ésto intentaré aclararlo más adelante.